Sí se aprovecha, pero no como esperas. Lo que de verdad merece la pena son las pipas. Con la carne hay un problema de bulto: es la pared de la calabaza, así que o la tallas o te la comes — las dos cosas enteras, no.
Cada 1 de noviembre pasa lo mismo: una calabaza enorme encima de la mesa, ya un poco blanda, que ocupa, pesa y da pena tirar. Esto es lo que se puede hacer con ella — y lo que no, que es la parte que no suele contarse.
La de tallar y la de comer no son la misma calabaza
Empiezo por aquí porque ahorra una decepción. Las calabazas grandes y naranjas de Halloween están seleccionadas por tamaño, forma y pared fina: lo que tienen que hacer es quedar bien y dejarse vaciar con un cuchillo. El sabor nunca entró en la ecuación.
Su carne suele salir fibrosa, aguada y bastante sosa. Se puede comer; simplemente no está buena. Si alguna vez has hecho una crema con una y te ha quedado agua, no fue culpa tuya.
Las que se cocinan bien son otras: la violín (o cacahuete), las de tipo potimarrón, y en general las pequeñas. Una regla de bolsillo en la frutería: cógela en la mano y, si pesa mucho para lo que abulta, tiene más carne y menos aire. Esas son las de cocinar.
Las pipas, que es lo que de verdad vale
Aquí sí hay buena noticia, y vale para cualquier calabaza, incluida la de tallar: las pipas salen bien siempre.
Separarlas de las hebras es, con diferencia, lo más desagradable de la tarde: aquello resbala, se engancha en los dedos y no hay manera. El atajo es echarlo todo a un bol con agua y dejar que se separen solas — las hebras flotan, las pipas se van al fondo y tú te limitas a mirar.
Luego sécalas bien con un trapo, y en este paso no corras: una pipa húmeda sale del horno correosa y una pipa seca sale crujiente. Ahí está todo el secreto, no hay más.
Después, un poco de aceite, sal y al horno a 180° entre quince y veinte minutos, removiendo a mitad. Cuando empiecen a dorarse, fuera.
Cuestan cero, dejan la casa oliendo de maravilla y se acaban solas. Si las pones en un bote a la vista duran dos días — que es verlo es comerlo jugando a tu favor para variar, y un relevo estupendo cuando toca cambiar un snack.
¿Sabías que...? El amargor de esta familia de plantas tiene nombre: cucurbitacinas. Las variedades que comemos llevan siglos seleccionadas para no tenerlas, pero un informe del Consejo Nórdico de Ministros recoge que algún cultivar puede recuperar esa capacidad de forma ocasional. De ahí una regla sencilla: si una calabaza, un calabacín o un pepino amargan de verdad, no se comen — y de esa no se saca simiente, que el amargor se hereda.
Vaciar una calabaza no es sacarle la carne
Aquí hay una confusión que conviene deshacer, porque cambia el plan entero.
Cuando vacías una calabaza para tallarla, lo que sacas son las pipas y las hebras. La carne buena no sale de ahí: la carne es la pared, y tiene que quedarse donde está, porque es lo que sostiene la calabaza y lo que vas a tallar. Si la sacas, te quedas sin nada que tallar.
De modo que con una sola calabaza no puedes tener las dos cosas enteras. O la tallas, o te la comes.
Lo que sí puedes guardar es esto: para cortar la cara con comodidad hay que rebajar la pared por dentro hasta dejarla en dos o tres centímetros, sobre todo por la zona que vas a tallar. Esas raspaduras sí son carne, y esas sí van a un táper y a la nevera — en el momento, antes de que la calabaza empiece su noche.
Porque la pared que se queda puesta pasa la tarde y la noche abierta, a temperatura ambiente, con una vela encendida dentro y manoseada por media casa, muchas veces en la entrada o en la terraza. Por mucha pena que dé, eso ya no es algo que uno meta en una crema.
Y acuérdate de lo de antes: la carne de una calabaza de tallar tampoco está buena. Si lo que quieres es comer calabaza, sale mejor tallar la naranja grande y comprar aparte una violín pequeña.
Y no, el cabello de ángel no sale de esta calabaza
Es una confusión muy común en estas semanas. El cabello de ángel se hace con otra calabaza distinta, la de cidra o cidra cayote, cuya carne al cocerla se deshace en hebras finas que parecen pelo, y de ahí le viene el nombre. Esas hebras son las que se confitan con azúcar y acaban dentro de una ensaimada.
Con una calabaza de tallar no sale. Su carne no tiene esa fibra, así que lo único que conseguirás es puré naranja con azúcar.
Y si no te apetece hacer nada de esto
Tampoco pasa nada. Tirar la calabaza al cubo marrón o al compost después de que haya cumplido su función no es desperdiciar: una decoración se usa y se acaba, como un árbol de Navidad.
Aprovecharla entera no es una obligación moral. Si te apetece tostar las pipas, diez minutos bien invertidos; si no, ya has sacado de ella lo que ibas buscando. Aquí no se reparte culpa.
Empieza hoy: cuando la abras para tallarla, aparta las pipas en un bol. Es el único paso que no puedes hacer después, y es justo el que merece la pena.
Preguntas frecuentes
¿Se puede comer la calabaza de Halloween?
Comerse, se come. Pero las calabazas grandes y naranjas de tallar están seleccionadas por tamaño, forma y pared fina, no por sabor, así que su carne suele salir fibrosa, aguada y sosa. Las que se cocinan bien son otras: la violín o cacahuete, las de tipo potimarrón y, en general, las pequeñas y pesadas para lo que abultan.
¿Cómo se tuestan las pipas de calabaza?
Se separan de las hebras, se secan bien con un trapo, se mezclan con un poco de aceite y sal y se hornean a 180 grados entre quince y veinte minutos, removiendo a mitad, hasta que empiezan a dorarse. Para separarlas, un bol con agua ayuda: las hebras flotan y las pipas se van al fondo.
¿Se puede tallar una calabaza y además cocinarla?
Con la misma calabaza, no del todo. Al vaciarla se sacan las pipas y las hebras, no la carne: la carne es la pared, y tiene que quedarse para que haya algo que tallar. Lo único aprovechable son las raspaduras de rebajar la pared por dentro, guardadas en la nevera en el momento. La pared que se queda puesta pasa la noche abierta con una vela dentro, y eso ya no vuelve a la cocina.
¿Por qué mi calabaza sabe amarga?
Por las cucurbitacinas, los compuestos amargos de esta familia de plantas. Las variedades que comemos están seleccionadas para no tenerlas, pero algún cultivar puede recuperar esa capacidad de forma ocasional. La regla práctica es simple: si una calabaza, un calabacín o un pepino amargan de verdad, no se comen.
¿El cabello de ángel se hace con la calabaza de Halloween?
No. Se hace con otra calabaza distinta, la de cidra o cidra cayote, cuya carne al cocerla se deshace en hebras finas que parecen pelo. De ahí le viene el nombre. Con una calabaza de tallar no sale.