Cuece media docena cuando ya tengas la cocina encendida por otra cosa. Diez minutos de agua hirviendo, al agua fría, y a la nevera con su cáscara. Ahí aguantan casi una semana sin pedirte nada.
¿Sabías que...? La proteína del huevo tiene los nueve aminoácidos esenciales, los que el cuerpo no sabe fabricar solo. Es tan completa que se usa como patrón para medir la calidad de las demás.
Lo interesante no es el huevo, es lo que provoca abrir la nevera y verlo. Tener algo listo cambia la pregunta: ya no es «¿qué me hago?», sino «¿qué le pongo al lado?». Y ahí sale sola la ensalada fresquita con tomate, la tostada del desayuno o el picoteo de media tarde que ibas a resolver con galletas.
Un truco: guárdalos en un bol a la vista, no en el cajón del fondo. Lo que no ves, no existe.
Empieza hoy: cuece seis huevos y déjalos a la vista en la nevera. El resto se te ocurre solo.