La respuesta corta: sí filtran, y está medido. Lo que pasa es que en una casa el efecto queda muy por debajo de lo que consigue abrir las ventanas diez minutos. Las plantas hacen su parte; es una parte pequeña.

Merece la pena contar de dónde viene la idea, porque es un caso bonito de cómo un estudio real acaba convertido en algo que no dijo.

De dónde sale lo de las plantas purificadoras

En 1989 la NASA publicó un informe sobre plantas de interior y contaminación del aire, firmado por el ingeniero B. C. Wolverton. La agencia no pensaba en tu salón: pensaba en estaciones espaciales, que son recintos herméticos donde el aire no se renueva y cualquier compuesto que se libere se queda dando vueltas.

El montaje del experimento fue exactamente ese: cámaras selladas, pequeñas, con una planta dentro y una concentración alta de un compuesto concreto. En esas condiciones las plantas —y sobre todo los microorganismos de la tierra— absorbían formaldehído, benceno y tricloroetileno de forma medible. El dato es real y el estudio es serio.

Lo que pasó después es que el titular viajó solo. «La NASA dice que estas plantas limpian el aire» se repitió durante treinta años sin la parte importante: en una cámara sellada del tamaño de un armario.

¿Sabías que...? Según la agencia ambiental de EE. UU. (EPA), pasamos alrededor del 90 % de nuestro tiempo en espacios interiores, y su aire suele estar más cargado que el de la calle. Por eso la pregunta de qué hacer con el aire de casa merece la pena — y por eso conviene saber qué mueve la aguja de verdad.

Qué dice la ciencia posterior

En 2019, dos investigadores de la Universidad Drexel revisaron treinta años de estudios sobre el tema y volvieron a hacer los números con la medida que se usa de verdad para comparar purificadores: la tasa de aire limpio que entrega un aparato. Su revisión, publicada en Journal of Exposure Science & Environmental Epidemiology, llegó a una conclusión incómoda y muy concreta.

Para que las plantas igualaran lo que hace la ventilación normal de una casa harían falta entre 100 y 1.000 plantas por metro cuadrado de suelo. En un salón de veinte metros, eso son entre dos mil y veinte mil macetas.

Conviene leerlo bien, porque no dice lo que parece: no es que las plantas no filtren. Filtran. Lo que dice es que una habitación de verdad no es una cámara sellada. El aire se renueva solo —por las rendijas, por las puertas, cada vez que alguien entra o sale— y esa renovación diluye los compuestos mucho más rápido de lo que una planta puede absorberlos. La aportación de la planta sigue ahí; lo que pasa es que queda tapada.

Entonces, ¿qué sí limpia el aire de tu casa?

Tres cosas, por orden de eficacia y ninguna cara:

Ventilar. Abrir de par en par diez minutos, y mejor si puedes cruzar corriente entre dos ventanas opuestas. Diez minutos con corriente renuevan más aire que dos horas con una ventana entreabierta.

Extraer donde se genera. La campana cuando cocinas y el extractor del baño cuando te duchas. Sacar el aire cargado en el sitio donde aparece evita que se reparta por el resto de la casa.

Quitar la fuente. Los compuestos del estudio de la NASA salen de sitios concretos: muebles de aglomerado nuevos, pinturas y barnices recientes, ambientadores, humo. Ventilar de más las primeras semanas después de montar un mueble hace más que cualquier maceta.

Y aun así, ten plantas

Que no cambien el aire de tu casa no las convierte en un fraude. Solo significa que el motivo que se repetía no era el bueno — y que el bueno estaba a la vista.

Una casa con verde apetece más. Cuidar algo que responde —que saca una hoja nueva, que se cae si te olvidas y revive cuando la riegas— es un gesto pequeño y agradable, de esos que se sostienen. Y en un piso de ciudad, tener algo vivo a la vista no es poca cosa.

Ese es motivo suficiente. No hace falta inventarle otro.

Las tres del estudio, y por qué siguen siendo buena elección

Las especies que la NASA probó siguen siendo, casualidades de la vida, de las más fáciles de tener vivas. No por lo que filtran: por lo poco que piden.

Sansevieria (o lengua de suegra). La más difícil de matar de las tres. Aguanta poca luz, semanas sin agua y el olvido en general. Va bien en el dormitorio simplemente porque cabe en cualquier rincón y no da trabajo.

Poto. Crece en cualquier parte, incluso en un vaso de agua, y avisa cuando tiene sed dejando caer las hojas. Perfecto para un estante alto de la cocina, donde luce colgando.

Espatifilo (lirio de la paz). El que mejor tolera la humedad, así que es la opción obvia para un baño con ventana. Además florece, que las otras dos no.

Empieza hoy: abre dos ventanas opuestas diez minutos. Y ponte la sansevieria en la mesita igualmente, que algo aporta y se ve preciosa.

Calidad del aire Ventilar Mitos

Preguntas frecuentes

¿De verdad las plantas limpian el aire?

Filtran, sí: el estudio de la NASA lo midió con formaldehído, benceno y tricloroetileno. Lo que ese estudio no dice es cuánto pesa eso en una casa, y ahí una revisión de 2019 calculó que harían falta entre 100 y 1.000 plantas por metro cuadrado para igualar lo que hace la ventilación normal de una vivienda.

¿Qué mueve más la aguja del aire de casa?

Ventilar diez minutos con corriente cruzada entre dos ventanas opuestas, usar la campana al cocinar y el extractor al ducharse, y ventilar de más las primeras semanas tras montar muebles nuevos o pintar.

¿Entonces no merece la pena tener plantas de interior?

Sí, y por varios motivos a la vez: filtran algo, son fáciles de cuidar y sientan bien a una casa. Solo conviene no esperar de ellas lo que hace una ventana abierta.

¿Y la sansevieria en el dormitorio?

Muy buena elección, aunque el motivo principal no es el aire: aguanta poca luz, semanas sin agua y cabe en cualquier rincón. Que además filtre formaldehído es un extra.